Mostrando entradas con la etiqueta virtudes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta virtudes. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de marzo de 2026

Rendirse: una estrategia de vida por Julia Keller

 


Soy una persona muy persistente que se pone un objetivo en la mente y trabaja duramente por conseguirlo. Siempre he creído que aquello es una virtud y ciertamente lo es. De hecho, en este mismo blog comentamos el libro Grit, de Angela Duckworth, donde precisamente se destaca la perseverancia como una virtud crucial para el éxito.

Sin embargo, como nos lo recuerdan Kaplan y Kaiser en su libro Cuidado con tus virtudes, el exceso en el uso de una virtud puede implicar desatender la virtud contraria. En este caso, perseverar en algo que ha perdido sentido, que carece de valor o que conduce a resultados indeseados puede transformarse en un problema.

Creo que esta idea también tiene relación con uno de los principios básicos del coaching ontológico y es que, si una acción te lleva a los resultados deseados, por supuesto que hay que mantenerla. Pero, si la acción no te lleva a esos resultados, lo sabio es cambiar la acción por otra, sin perseverar innecesariamente.

Por eso, el libro de Julia Keller me resultó especialmente valioso, pues invita a reconocer que soltar también puede ser una forma de liderazgo, de autocuidado, de cariño y de inteligencia

Vivimos en una cultura que celebra la perseverancia sin matices. Seguir adelante, no rendirse, resistir aparecen como virtudes incuestionables, tanto en la vida personal como en el mundo organizacional. En ese contexto, rendirse suele leerse como fracaso, debilidad o falta de carácter.

El libro nos propone una idea tan simple como incómoda: rendirse, en ciertos momentos, no es fracasar; es elegir conscientemente otro camino.

Uno de sus aportes más interesantes es la distinción entre abandonar y rendirse. Abandonar suele estar cargado de resignación, cansancio o derrota. Rendirse, en cambio, es un acto deliberado: reconocer que una lucha ya no tiene sentido, que el costo es demasiado alto o que el contexto cambió.

Rendirse —dice Keller— puede ser una forma de cuidarse, de recuperar energía, de volver a escuchar lo que de verdad importa. No es pasividad. Es lucidez.

Persistir sin reflexión tiene costos. A veces silenciosos, pero profundos: desgaste emocional, deterioro de relaciones, pérdida de creatividad, empobrecimiento del juicio. No rendirse a tiempo puede transformarse en una forma de violencia sutil hacia uno mismo, sostenida muchas veces por el orgullo, el miedo o la identidad.

Porque no siempre sostenemos una causa o un proyecto; muchas veces sostenemos una imagen: “yo no soy de los que se rinden”. Y rendirse no amenaza tanto al objetivo como al ego que se ha construido alrededor de él.

En este punto recuerdo a la hija de un amigo. Estudiaba una carrera universitaria que no disfrutaba, aunque durante mucho tiempo insistió en seguir. Un día se atrevió a conversar con su padre y a reconocer que lo que realmente quería era estudiar Psicología. Con apoyo, cambió de camino. Hoy la veo más contenta, más alineada consigo misma. Qué importante fue que se permitiera soltar a tiempo.

En las organizaciones solemos premiar a quienes “aguantan”. A quienes insisten incluso cuando las señales son claras: proyectos que no avanzan, roles que desgastan, culturas que enferman a las personas… y, aun así, seguimos.

¿Lo hacemos por compromiso? ¿Por lealtad? ¿O por miedo a reconocer que algo ya no funciona?

El libro invita a revisar esa perseverancia automática que, muchas veces, se transforma en una trampa. Persistir sin reflexión puede alejarnos del aprendizaje y del sentido, tanto a nivel individual como colectivo.

Desde esta mirada, rendirse no es un acto impulsivo, sino un proceso reflexivo. Implica detenerse, observar y atreverse a hacerse preguntas incómodas:

  • ¿Qué estoy sosteniendo y a qué costo?
  • ¿Esto que persigo sigue teniendo sentido para mí?
  • ¿Qué posibilidades se abren si suelto?

En gestión de personas, estas preguntas son profundamente relevantes. Líderes que no se permiten rendirse a tiempo suelen arrastrar equipos completos a dinámicas estériles, desgastantes o francamente dañinas.

Rendirse puede ser una competencia poco declarada, pero crucial. Implica lectura de contexto, coraje conversacional y capacidad de decepcionar expectativas. Algunas veces, liderar también es:

  • Rendirse a una estrategia que ya no funciona.
  • Rendirse a un estilo de liderazgo que dejó de conectar.
  • Rendirse a la idea de que “siempre se ha hecho así”.

No todos los liderazgos fracasan por rendirse. Muchos fracasan por no hacerlo.

Este libro no invita a la renuncia fácil ni al conformismo. Invita, más bien, a recuperar la capacidad de elegir, a soltar luchas que ya no nos pertenecen y a abrir espacio para nuevas conversaciones, decisiones y futuros posibles.

Quizás, en un mundo que nos empuja permanentemente a resistir, rendirse —bien entendido— sea una de las estrategias de vida más humanas que podamos aprender, y que, en vez de cerrarnos posibilidades, nos las abre, aunque a veces no sepamos hacia dónde

domingo, 5 de noviembre de 2023

Cuidado con tus virtudes por Robert Kaplan y Robert Kaiser

 


Muchas veces me pasa cuando hago coaching ejecutivo que el cliente o el mismo coachee pide trabajar sobre sus “debilidades”, bajo el entendido que si mejora en estas podrá tener un mejor desempeño. En general considero que esto es razonable, en términos que si la persona cuenta con importantes fortalezas, a lo mejor trabajar sobre sus debilidades, las que le quitan fuerza o empuje, podría tener un impacto positivo.

Desde esta perspectiva podrían decirse algo así como “dejemos las fortalezas tranquilas” ya que el foco del trabajo son las debilidades. Por eso que me ha parecido interesante el trabajo de Kaplan y Kaiser, ya que presentan una mirada distinta, que me suena muy pertinente e interesante.

La mirada de los autores es que las fortalezas tienen dos caras, una cara luminosa y una cara oscura. La cara luminosa es que una fortaleza o virtud característica, bien usada, en el momento correcto, puede ser de gran valor para impulsar una carrera profesional o para resolver problemas o incluso para que la persona se destaque. Pero, la cara oscura, es que una fortaleza también puede ser una limitación al transformarse en un comportamiento rígido, inflexible, utilizado en situaciones que no se requiere, imposibilitando también el aprendizaje.

A propósito de esta idea recuerdo los trabajos de Meredith Belbin y sus ideas sobre roles de equipo, donde distingue los distintos roles que las personas desempeñan en los equipos, señalando la fortaleza del rol, pero también aclarando que una fortaleza también puede significar una debilidad permitida (saber que la fortaleza también es una debilidad) y una debilidad no permitida (cuando la debilidad, en exceso, se transforma en un verdadero problema para el equipo).

Tal vez sea una cuestión de dosis, el uso de una fortaleza en su dosis justa es positivo, pero su uso en dosis exageradas es un problema, por lo que el aprendizaje es precisamente la modulación.

Para los autores, el exceso de uso de una virtud puede significar ignorar la virtud contraria. Una virtud es hablar mucho persuasivamente, pero su uso exagerado impide escuchar atentamente. Una virtud es el pensamiento estratégico profundo, pero su uso exagerado puede significar que no se tenga pensamiento operativo práctico. Una virtud es la creatividad e innovación, pero ello puede ocultar el complemento de seguir los procedimientos y rutinas organizacionales.

Kaplan y Kaiser utilizan la metáfora del ying y el yang chino para explicar la dualidad de las virtudes. La naturaleza es una interacción de dualidades: cielo y tierra, día y noche, masculino y femenino, etc. Traduciendo esta concepción al dominio del liderazgo entienden que las habilidades se dan en pares: estratégico – operativo y autoritario – facilitador.

Estas dualidades representan el cómo y el qué del liderazgo.

El líder autoritario toma el mando mientras que el líder facilitador permite a otros liderar. La tensión dinámica entre ambos extremos determina como trabajan las personas en equipo.

El liderazgo estratégico mira hacia adelante y posiciona la organización de cara al futuro, el liderazgo operativo busca resultados a corto plazo. Esta tensión dinámica determina qué cuestiones son prioritarias para los ejecutivos.

Lo anterior se ve representado en el siguiente cuadro de los autores.



La importancia de la versatilidad: La tesis de los autores entonces es que, frente a las tensiones del liderazgo, entre el estilo autoritario y el facilitador o entre el enfoque estratégico y el operativo muchos líderes perciben opuestos radicales, no complementos ying – yang. El aprendizaje es los líderes entonces será que se puede superar la contradicción o paradoja y aprender a integrar ambos extremos siendo más versátiles.

El liderazgo versátil surge de tener un catalogo amplio de habilidades complementarias que pueden adaptarse, combinándose de formas infinitas a situaciones o tareas específicas, la idea es “modular” o ajustar el enfoque, elevando o bajando el volumen de la habilidad según resulte necesario. Mientras más versátil es el líder más eficaz es.

Tengo dos comentarios finales:

El primero es que el planteamiento de los autores me resulta muy coherente con lo que observamos cuando un líder es ascendido a otra posición en la organización. Las virtudes que lo llevaron a ese desarrollo puede que no le sirvan para el nuevo cargo, pese a lo cual la persona sigue insistiendo una y otra vez en utilizar las mismas virtudes, en vez de aventurarse a aprender nuevas competencias o fortalezas. Esto resulta a veces frustrante para la persona en cuestión que insiste en usar lo que le ha servido anteriormente y comprobar cuan inútil es ahora, entrando en un círculo vicioso que mientas más usa una virtud menos le sirve y peor desempeño tiene.

En los casos anteriores es evidente que la persona necesita aprender nuevas virtudes o desarrollar nuevas competencias para lo cual tiene que hacer algunos cambios como renunciar al uso de virtudes que antes le servían o, al menos, aprender a utilizarlas menos de lo que antes lo hacía. Creo que el coaching ejecutivo es especialmente útil en estas situaciones.

Y el segundo comentario que se me ocurre es que muchas veces nos cuesta, por las razones que sean, trabajar la habilidad complementaria. Por eso a veces también es importante rodearnos de personas que tengan esa habilidad complementaria para “darles la entrada” cuando son aquellas virtudes las que se necesitan. Al respecto pienso en que un buen líder debe siempre contar con un “segundo” fuerte precisamente en las virtudes que le cuestan. Para ello es crucial tener la apertura a escuchar las opiniones o puntos de vista de estas otras personas y valorar su aporte.